lunes, 9 de septiembre de 2013

No quedaban libros

No quedaban libros… gritaba la estantería rabiosa mientras el aburrimiento me abofeteaba. Ya no tenía nada con lo que combatirlo, puesto que la imaginación se me estaba muriendo poco a poco. Mi alma preparaba el luto.

No quedaban libros… y vimos a las vocales y a las consonantes, a los puntos y a las comas, hasta a los signos de exclamación, todos juntos manifestándose contra las "nuevas tecnologías" por una razón común. Querían volver a sentir la suavidad del papel y a la húmeda tinta en su piel.

No quedaban libros… pero ellos no los necesitaban. Se desnudan y prometían que con las yemas de sus dedos escribirían sus más bellas obras sobre sus cuerpos. Desde entonces, se les sigue llamando poetas.

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