No quedaban libros… gritaba la estantería rabiosa mientras el aburrimiento me abofeteaba. Ya no tenía nada con lo que combatirlo, puesto que la imaginación se me estaba muriendo poco a poco. Mi alma preparaba el luto.
No quedaban libros… y vimos a las vocales y a las consonantes, a los puntos y a las comas, hasta a los signos de exclamación, todos juntos manifestándose contra las "nuevas tecnologías" por una razón común. Querían volver a sentir la suavidad del papel y a la húmeda tinta en su piel.
No quedaban libros… pero ellos no los necesitaban. Se desnudan y prometían que con las yemas de sus dedos escribirían sus más bellas obras sobre sus cuerpos. Desde entonces, se les sigue llamando poetas.
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