Yo cerré puertas, corté alas, borré todas las palabras dichas y puse contraseña a cada orgasmo que nos dimos. Pero, a veces, se me olvida.
viernes, 26 de julio de 2013
miércoles, 24 de julio de 2013
Si me miras
Si me miras, verás un saco de huesos lleno de cicatrices y
alcohol. Si te fijas, notarás como reluce entre tanto deshecho una espinita. ¡Mírala! está justo aquí, clavada en mi pecho. Una espinita hermosa y afilada de la que me he encariñado,
y acaricio y beso y le hago el amor cada noche porque me recuerda a ti. Se agarra a mi cuerpo como tu lo hiciste, me taladra la vida
como tu lo hiciste. Mi hermosa espinita clavada en este saco de huesos que se
acuerda de ti.
lunes, 22 de julio de 2013
domingo, 21 de julio de 2013
Madrid
Madrid es una amante exigente
y todos los que llegamos nuevos nos partimos el hígado y los huevos para complacerla.
Madrid es una puta de de lujo
que se te presenta desnuda y con tacones, te ata a la cama y te reta para que le escribas poemas.
Madrid es una zorra traicionera
que te sirve tequila barato, te folla en cualquier sucio servicio y te revienta la cartera.
Madrid me la pone dura, me ablanda el corazón y me incita a quererla.
El despiste colectivo
No recuerdo cuándo dejé de escribir. Quizás fuese primavera. Sí, recuerdo el sentimiento cálido de las palabras y su vibrar en mis dedos. Tal vez fuese ayer. Tal vez dejé pasar las años desde entonces sin darme cuenta.
Olvidé las ganas, se congeló el sentimiento. Te escribía a ti, escribía a otras y, en ocasiones, me envalentonaba y le escribía a la nada. A veces con amor, a veces con arrogancia y a veces con odio y rabia. Pero me despisté y ya no te escribo a ti, ni tampoco a otras. Ahora ya, simplemente, no escribo nada.
Me despistaron las responsabilidades que por un momento se me antojaron eternas. Me despistó la corbata con su prefijo "don" ante mi nombre. Y yo inconsciente. Olvidé las zapatillas gastadas y los pantalones raídos, los puños cerrados, el argumento en el cielo y las ideas efervescentes. ¿En qué puto momento me despisté?
Me despisté igual que muchos otros. Igual que se despista el que sube volumen para ensordecer sus oídos y así obviar el grito de la ciudad. Igual que quiere despistar el cabrón desalmado a la puta camuflada que se deja despistar. O como los que, buscando consuelo, se crean Dioses a los que rezar, esos sería en clase de ciencias donde se pudieron despistar.
Está también el que ni lee el periódico, ni ve el telediario para, orgullosamente, ni sentirse despistado ni saber lo que ocurre en el sucio país en el que está. Sumando, el despiste va a más. Políticos que, a consciencia, despistan al pueblo y empresarios que, a base de triquiñuelas, se llenan los bolsillos cada vez más, mientras los muy cabrones se despistan mirando hacia otro lugar.
Y la justicia, yo me pregunto ¿dónde queda? Porque me parece despistada, sorda, muda, jodida y ciega.
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