Te
propongo un trato.
Simplemente
tienes que colocarte tu mejor sonrisa y darme la mano al pasear, todo
lo demás ya vendrá solo.
Olerá
a sexo, a café recién hecho y a pan tostado cada uno de nuestros
domingos.
Dará
igual la calle y dará igual la ciudad, porque ya no seremos tú y
yo, seremos nosotros y eso no habrá kilómetro que lo cambie.
Nos
olvidaremos de las margaritas y le dejaremos los pétalos crecer. Que
se luzcan, que nosotros no necesitamos que nos confirmen lo mucho que
nos queremos.
Me
he prometido ingeniármelas para que el botón de tus carcajadas esté
siempre en posición de encendido. Así pondré tu risa como banda
sonora de mis días y podré olvidarme de los discos de vinilo y del
tocadiscos.
Cómeme
la boca y la vida, y yo tendré mil motivos para aporrear esa vieja
Olivetti que encontré en casa y a la que le tengo tanto miedo.
Que
yo no sé correr y a ti te cuesta andar con tacones, pero juntos
viajamos y volamos sin que nos haga falta aviones ni aeropuertos.
Te
propongo un trato.
Vente
conmigo a vivir. Sabes que no me refiero a compartir la casa porque eso se nos puede quedar corto, voy más
allá. Tú me entiendes. Vivir en la amplitud de todos sus
significados.
Ese
es el trato.