La ciudad se encontraba a nuestros pies y mi conciencia a los suyos. El sol salía entre los tejados reflectándose en un sembrado de antenas que nos hacía de horizonte.
Se mezcló el olor rancio de la mañana con el sabor a ron que quedaba entre nuestros labios. Pero a la ciudad le faltaba playa y mi mundo patas arriba era lo que sobraba.
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