Porque me equivoqué y le rompí el corazón, pero ella aprovechó sus tiritas para sanar mi mundo, pegar mi cuerpo a su cuerpo y abrazarme más fuerte.
Porque entendí por qué permanecía a su lado y decidí ser yo el que la invitara a cada unos de los cafés que le quedaban por tomarse frente a cualquier desconocido.
Porque cuando el "no" se encuentra con el "sí" siempre asoma tímido un "tal vez".