sábado, 7 de junio de 2014

Mujeres

Siempre me han gustado las mujeres normales, las de la vida real. No me gustan las princesas, ni las modelos despampanantes de las portadas de revistas.

Prefiero el labio mordido y la sonrisa coqueta que viene después del polvo de medio día, al maquillaje que se aplica antes de la noche de fiesta y discoteca.

La ropa sienta bien cuando se luce puesta en un cuerpo bello, pero cuando realmente a mí me gusta es cuando está desperdigada por el suelo de la habitación y los cuerpos sólo sudan.

No me importa el tamaño de los pechos, ni tampoco el de las caderas. Siento mayor admiración por la cantidad de grupos de música que conozca, las películas que haya visto y los libros que decoren sus estanterías.

Siempre me han gustado las mujeres normales, que briden con cerveza y bailen despreocupadas de cara al mundo.